
¡Si las hojas caminaran en otoño¡
tan pálidas y grises, por el suelo …;
suelo de tierra, musgo, y noche.
El sonido de los pasos
de los patines
del piano en mis audífonos.
El río sin agua
(el frío que congela el sudor
de quien camina).
La noche asesina las sombras
y la luna insiste en que no mueran.
El hombre corre tras un balón;
los perros encadenados,
con sus dueños arrastrando los pies
en la arena.
La campana de la bicicleta,
destroza, mutila,
a las pobres hojas muertas
de una noche de otoño.
Y la oscuridad en el parque,
sin poder leer
sin luz para escribir
con el río sonando,
con el frío en mis pies
y en mis manos.
Sin tu voz
ni tu calor
en un parque
donde las hojas (mis hojas)
cantan tu nombre al caer,
al romperse, y al volar,
sin que puedan caminar,
en esta noche de otoño.
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