sábado, 24 de abril de 2010

Pacheco: el homenaje.



"Nada de lo que ocurre en este cruel 2010 -de los terremotos a la nube de ceniza, de la miseria creciente a la inusitada violencia que devasta a países como México- era previsible al comenzar el año. Todo cambia día a día, todo se corrompe, todo se destruye. Sin embargo en medio de la catástrofe, al centro del horror que nos cerca por todas partes, siguen en pie, y hoy como nunca son capaces de darnos respuestas, el misterio y la gloria del Quijote."


Así es como cerró José Emilio Pacheco su discurso al recibir el Premio Cervantes de Literatura. Notoriamente emocionadó. Ante un público rendido a sus píes, el mejor escritor mexicano de los últimos tiempos. Don Joseme, recibiendo el mayor premio que se le puede dar a un escritor de lengua española. Sólo alguien como Pacheco es capaz de quitarle toda la solemnidad al asunto y a su vez llenarlo de grandeza. Sonríente, bromeando con toda sinceridad, sin dejar esa aura infantil y despreocupada. José Emilio es raza, es la persona más humilde dentro de la literatura mexicana -dónde encontrar personas humildes ya es una hazaña-.

"Lee mucho, escribe mucho, y publica poco." Sus obras completas se resumen a 800 páginas. Quince por año según sus cálculos. Lo suficiente.

Siempre lo he dicho, un libro que marcó mi vida y que hizo darme cuenta de lo hermosa que es nuestra literatura es Batallas en el desierto. Tenía catorce o quince años cuando lo leí. Fue una revolución en mí. A partir de ahí llegaría a Macondo, a Comala, a la Región más transparente y a los Desiertos de Sonora. Pero nada de eso hubiera sucedido sino fuera gracias a la novela de Carlitos, Jim y Mariana.

La grandeza de don José Emilio es tal que no le da pena que se le caigan los pantalones en plena ceremonía. En vez de hablar sobre la magnifisencia de sí mismo, Pacheco en su discurso, relató su primer encuentro con Cervantes: 8 años de edad, Palacio de Bellas Artes, versión infantil, teatro, Salvador Novo. "Me gustaría que el premio Cervantes hubiera sido para Cervantes".


José Emilio es sincero consigo mismo: se queda dormido cuando hablan de él en público, le da pena dar las mismas respuestas en sus entrevistas, no le gustan las cámaras, "la verdad es que soy muy tímido". Es alguien a quien sólo ves y ya te produce algo en tu interior, o al menos, en mí. Jamás olvidare las tres veces que he tenido la oportunidad de verlo y hablar con él, aunque sean sólo unas pocas palabras.

Con el mundo de la literatura a sus píes prefirió no hablar de si mismo. Decir que él no merecía tal premio. Una enseñanza de humildad pocas veces vista. Un fenómeno entre los egolatras escritores latinoamericanos -saldudos para Gelman, Vargas Llosa y Fuentes-. El mejor poeta mexicano vivo. Uno de los mejores narradores, también. José Emilio Pacheco cumplió el año pasado setenta años. Toda una serie de homenajes que apenas ayer parecieron terminar. Afirma que no ha escrito ni una sola linea en todo ese tiempo. Un merecido descanso, maestro, pero no nos obligue a no poder leer algo más de su obra.

Ya ganado el premio de poesía Reina Sofia y el Cervantes, el único paso que le falta sería el Nobel. Se ve lejano, y más por lo cerrada e ignorante que es la Academia. Sin embargo, ¿Realmente importa?, opino que no. Maestro Pacheco, ya eres inmortal.

jueves, 22 de abril de 2010

Se dice.




Sabía que era probable que no estuviera; es más: sabía que no era más que un rumor, pero él prefería intentarlo. Las calles, oscuras ya, recogían los ruidos y luces del día; las únicas señales de vida en este paraje de San Luís eran la música de la cantina y los graznidos de gallos en la tienda. El pueblo envuelto por la luna. Y el último tren avanzó, llevándose con él, una cortina de tierra y una fotografía en su memoria. No había señales de ella a la vista. No había estaciones de radio y su iPod se había quedado sin batería. No había más calor que el producido por su cigarro.

En la esquina del parque, donde está estacionado, observa una caceta telefónica. Aquí no hay señal, ya la ocupare, pensó. El tabaco ya no le satisface. De su bolsillo izquierdo saca una pequeña pipa de metal color morado. La marihuana hará su efecto siete bocanadas después. El frío de San Luís y la Sierra Madre le hacen pensar en Monterrey. En Monterrey y en su perro encadenado; pero esencialmente pensó en el clima cálido y en la última conversación que tuvo con Manuel. Por eso ahora estaba en un frío y solitario parque. Por eso agarro la pistola que compró por si un día tendría que enfrentarse a un sicario -o al ejercito, porque no, uno nunca sabe-. Salio por la tarde.

- Tienes que tomar la autopista, cómo si fueras para Real, pero no, es más delante; es un pedazo de tierra olvidado por todos. Menos por gente como nosotros. De allí le das pa’llá. No tiene pierde, es como una plaza, sin nada dentro de, sólo casuchas y algunos negocios alrededor. Ve en la noche, es mejor así.

Manuel, antes de que Javier partiera, trato de ser lo más exacto posible: y lo logro. Ahí estaba, sentado afuera de su auto, en una banca, recién llegado de la Sultana del norte, esperando. Esperando. La mois ya había hecho su efecto. Javier no soltaba el reloj de su mano, mientras con la otra, mantenía su nuevo cigarro en el aire. 12:40. Samuel dijo que quizás ella llegaría como a la 1:30. Es cuestión de suerte, así que no me pidas cuentas. Javier espera, espera.

Ve salir a dos hombres borrachos de la cantina. Uno le da un beso en la boca al otro. Siguen riendo. Avanzan. El que recibió el beso, le propina terrible golpe a su acompañante, dejándolo en suelo. Su cabeza cae al mismo tiempo que la ceniza del cigarro. Javier suelta el humo de su boca mientras los dos borrachos siguen su camino; pero ya no están abrazados: prefieren la inseguridad del tambaleo.

- Manuel, no me estás jodiendo,¿o sí?

- Mira, yo sé lo que hay ahí de buena fuente. Conocí a dos weyes en el desierto que está luego luego por ahí. Eran una pareja; como yo, buscaban peyote. Ellos me contaron como está el asunto. La describían así, mujer cana, pero no anciana; aperladita. Como se viste es otra cosa, hay quien dice que lleva un vestido negro, o hasta un zarape o una camisa del Necaxa. Ellos me dijeron que la vieron con un vestido.

La brisa del viento mueve su cabello. Sentado en una banca. Sólo.

- Joven ¿tiene fuego?

1:30

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Aún incompleto, espero terminarlo pronto.

viernes, 16 de abril de 2010

El transfondo de una nominación.



No se puede negar: no soy el más popular de mi escuela. No me interesa serlo, tampoco. Creo firmemente en mis convicciones y modos de ver el mundo; creo que son los adecuados dada la situación que todos vivimos.

Me nominaron como el más peleonero de mi generación. Un dato, sinceramente, irrelevante, tanto para mí como para los demás: nadie en un año se acordara de algo así, quizás ni yo.

Sin embargo, mi conclusión fue que llegue a tal nominación por mis actitudes en las clases de sociales. No es que no lo sepa: soy desesperante. Jamás guardo silencio ante lo que considero inmoral o incorrecto, siempre tratando de imponer mi opinión. Sé que no está bien, he tratado de controlarme con pocos resultados: me gana la pasión por expresarme y tratar de cambiar el mundo, aunque sea empezando con mis compañeros de clase.

Podré parecer sobierbio, presumido, petulante y de sangre pesada; pero no es así, en realidad, son mis ganas por tratar de enseñar las injusticias que se cometen a diario en mi país lo que me hace gritar mis juicios.

Tampoco puedo engañarme: sé que más que mis compañeros; no por más listo, no, sólo por que desde niño me gustó leer el periodico. Aún así, soy conciente de alog: No puedes pedir un cambio sin antes estár informado sobre lo que estás quejando; no puedes apoyar o reprobar a un político sin conocer el contexto.

Las últimas discuciones sobre el tan comentado caso Paullete en verdad me molestan: no puede ser que prefieran seguir hablando si fue el papá la mamá si el amante si las sirvientas si se cayó si se asfixió si tal tal tal o cual. Es lo que buscan los medios de información fácticos: que la gente hable de cosas irrelevantes y no de los problemas que aquejan a México como nación.

Que no se confunda con lo que me han dicho, que no me importa la muerte de una niña. Error más grande, me impacto, pero no menos que los últimos cuatro niños asesinados en Monterrey y en Guerrero a causa del ejercito. Claro, nadie hablará de eso, y se molestarán en cada momento que se les recuerde que esos niños no les importan; que sólo buscan el morbo y el tema de moda. Así está el país

Soy como soy y no podre cambiarlo. Si ser loco es creer que soy el único cuerdo en el mundo, que así sea. Mientras tango gritaré todo lo que sea necesario no para que se escuche no mi voz, sino la de cientos de mexicanos que viven en marginación, pobreza y sin educación.

domingo, 11 de abril de 2010

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viernes, 2 de abril de 2010

Y desafiando el oleaje sin timón ni timonel ...


Aunque tuviera que cruzar
de nuevo ese parque
y partir desde el Danuvio
a las dos de la tarde
en una alfombra mágica
o en un cofre de sisternas.

Aunque el mar de sombras
rodease mi vista y mi ser
para silenciar mi agonía;
aún así te buscaría:
en el mercado bajo las fresas
en las alcantarillas con colillas flotando
en el cielo azul o en un aviso de ocasión.

Y si el caso no se diera
y si Dios, Mahoma o el Azar
no te ponen en mi lugar
tendría que crearte, mi niña:
a base de tinta
de chocolate
de vino
y de mi memoria.
Mientras quemo tu retrato, niña,
en las afueras de un panteón
o del teatro
o en la escuela
o en el suelo de un bar.

Con mi creación
cantaría música de Sinatra por las mañanas
vería películas de Buñuel en vacaciones
y pintaría con acuarelas y manos.
Con mi creación sería feliz:
Porque nadei más que tú
llorarías igual que yo
tu ausencia, mi vida.